Para los mesoamericanos era imperceptible la frontera entre el tiempo y la vida, el nacimiento de cada persona de registraba con singular atención; aquel momento del tiempo era capturado por el glifo calendárico y su destino quedaba ligado para siempre a una untrincada red de fechas, ceremonias y ritos que daban sentido y trascendencia a actos humanos. Con las horas del día se ordenaban las tareas cotidianas, y cuando el sol marcaba el reloj sombras precisas, un toque de caracol marino definía las fronteras del tiempo.En el calendario residían " todas las normas de la actividad humana" en él se definían las fiestas y los ciclos litúrgicos con lo trascendente del universo.
Los tiempos de lluvia, los quehaceres en la milpa, las cocechas, las actividades comerciales, los momentos de reposo y manía, cuando era propicio contraer matrimonio o elegir gobernante, fundador de un pueblo, levantar un tenplo o comenzar una era cultural, se elegía una fecha calendárica; la memoria del tiempo era certidumbre de la vida.
La estela de los soles mide el tiempo como reloj solar, ordena los días, los años, los siglos y señala el derrotero de algunos de los astros que se ven a simple vista.

No hay comentarios:
Publicar un comentario